ONE YEAR LATER: THE DAY EDWIN WAS ARRESTED - UN AÑO DESPUÉS: EL DÍA EDWIN FUE CAPTURADO

One year ago today, Edwin and I spent our last almost full day together.

We spent the day together following up on two human rights cases. The case of Kimberly Fonseca, the 19-year old woman shot by the Military Police in Tegucigalpa, and the case of Zet Jonathan Araujo who was disappeared and tortured in Las Rodas neighbourhood and whose body was found a day or two later. Both are victims of repression in the context of the electoral crisis.

We were both concerned about Edwin’s safety since Monday of that week, when a defamation campaign circulated accusing him of leading the vandalism of the Marriott hotel. Everyone in Honduras knows that many of the defamation campaigns that circulated around the crisis (and before), were designed and circulated by state intelligence, military and the police.

On January 19, 2018, the post-electoral crisis was still in full swing. The feeling in Tegucigalpa was tense as people prepared for the one-week strike that had been called by the opposition in lead up to the January 27 inauguration of Juan Orlando Hernandez’s second (and illegal) term.

Edwin and I knew that the chances of the country being shut down for the week were high, so we went grocery shopping to stock up on food for the week. Arriving home, Edwin said good-bye, telling me he wanted to go quickly to the centre of Tegucigalpa to get his hair cut.

That evening, between 8:00 and 8:30 pm, I got a call telling me that Edwin had been arrested. Seconds later, I drove quickly over to the major boulevard to the spot where I was told that police had picked him up.

Arriving there, police patrol lights flickered in the night sky and several police patrol cars were parked on the side of the road. It scared me … the boulevard had been completely shut down and I immediately thought that Edwin had been killed. The number of police seemed oddly excessive, especially considering that they were only arresting Edwin, a long-time human rights defender and activist.

Independent journalist, Sandra Cuffe and I went immediately from the site of Edwin’s arrest to the DPI headquarters in La Kennedy neighbourhood in Tegucigalpa. When we got to the DPI, Edwin was being led around the parking lot by DPI agents. He was paraded in front of the Honduran media who painted him as a terrorist and a dangerous criminal - a tactic that has become the norm in Honduras to create a “show” (as Hondurans call it) to justify their excessive budgets for the repressive state security forces, the militarization of Honduran streets, and the so-called war against gangs and organized crime.

Photo credit: Criterio.hn https://criterio.hn/2018/01/20/joh-vas-afuera-delincuente-edwin-robelo-espinal/

Photo credit: Criterio.hn https://criterio.hn/2018/01/20/joh-vas-afuera-delincuente-edwin-robelo-espinal/

As a result of showing up there and later reporting on Edwin’s arrest (and other political prisoners, protests, assassinations in the context of the post-electoral crisis, caravans, etc), Sandra would later be denied entry by migration authorities and deported from Honduras.

When I finally was able to see Edwin, he was in high spirits despite being in hand and leg cuffs, knowing that he would spend at least the night in jail. Spending hours in jail or the night was not something that was unusual to him – Edwin has been arrested over a dozen times since 2009 on different charges, all stemming from his participation in protests.

Little did we both know that evening, Edwin would be quickly ‘processed’ by the Honduran judicial system and the Public Prosecutor’s office that would within a day, send him to a maximum security prison where he still remains. Little did I know, I would spend the year fighting to get him out alongside the incredible Honduran social movement.

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Tomorrow, one year since Edwin’s arrest, various sectors of Honduran society including three political parties (Liberal, LIBRE, and the new party formed by former Presidential candidate Salvador Nasralla), the Convergence against Re-election, the new coalition Citizen Action Against the Dictatorship, student groups, and several grassroots community organizations, will kick off a week of actions around the country. One of their primary demands is the release of political prisoners.

Photo: “Freedom for political prisoners. Censorship is what dictators do. Protest! January 20 at 10 am in front of Radio Globo (Tegucigalpa). Come wearing a black shirt!”

Photo: “Freedom for political prisoners. Censorship is what dictators do. Protest! January 20 at 10 am in front of Radio Globo (Tegucigalpa). Come wearing a black shirt!”

One year later, the political, social and economic crisis continues in Honduras and every single day since January 19, 2018, my life has been crisis after crisis. All of my crises have been about the Honduran government’s attempts to kick me out of the country; Edwin and Raul’s (the other political prisoner imprisoned with Edwin) health; the legal case; picking up broken pieces of personal and family issues; and figuring out how to keep going, how to find the energy, and of course, figuring out how to make the Canadian and US governments take responsibility for the crisis they are part of and helped create, since forever ago, in Honduras.

Thank you to all the amazing family, friends, compañeros and compañeras that have helped me through the year. 2019 will be the year of kicking more ass and hopefully, the year that all political prisoners and people criminalized for protesting in Honduras will be released.

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UN AÑO DESPUÉS: EL DÍA EDWIN FUE CAPTURADO

Hoy hace un año, Edwin y yo pasamos nuestro último día casi completo juntos.

Pasamos el día dando seguimiento a dos casos de derechos humanos. El caso de Kimberly Fonseca, una joven de 19 años asesinada por la Policía Militar en Tegucigalpa, y el caso de Zet Jonathan Araujo, desaparecido y torturado en la colonia Las Rodas y cuyo cuerpo fue encontrado uno o dos días después.

Ambos estábamos preocupados por la seguridad de Edwin desde el lunes de esa semana, cuando circuló un afiche de difamación que lo acusaba de liderar el vandalismo en el hotel Marriot. Todos en Honduras saben que muchas de las campañas de difamación que circularon alrededor de la crisis (y antes), fueron diseñamos y circulaban por los servicios de inteligencia del estado, el ejército y la policía.

El 19 de enero de 2018, la crisis post-electoral todavía estaba en pleno apogeo. El ambiente en Tegucigalpa fue tenso, ya que la gente se prepararon para la huelga de una semana que había sido convocada por la oposición antes de la inauguración del segundo mandato ilegal de Juan Orlando Hernández, el 27 de enero.

Edwin y yo sabíamos que las posibilidades de que se cerrara el país durante la semana eran altas, por lo que fuimos al supermercado para abastecernos de alimentos para la semana. Al llegar a casa, Edwin se despidió y me dijo que quería ir rápidamente al centro de Tegucigalpa para cortarse el pelo.

Esa noche, entre las 8:00 y las 8:30 pm, recibí una llamada que me decía que Edwin había sido arrestado. Segundos más tarde, conduje rápidamente hacia el bulevar principal hasta el lugar donde me dijeron que la policía lo había recogido. Al llegar allí, las luces de las patrullas policiales parpadearon en el cielo nocturno y varios patrullas estaban estacionados a un lado de la carretera.

Me asustó ... el bulevar había sido completamente cerrado e inmediatamente pensé que habían matado a Edwin. La cantidad de policías parecía extrañamente excesiva, especialmente teniendo en cuenta que solo estaban arrestando a Edwin, un defensor de los derechos humanos y activista desde hace mucho tiempo.

La periodista independiente, Sandra Cuffe y yo salimos inmediatamente del sitio de su captura a la sede del Departamento de la DPI en el barrio La Kennedy en Tegucigalpa. Cuando llegamos al DPI, los agentes guían a Edwin alrededor del estacionamiento. Lo desfilaron frente a los medios hondureños que lo pintaron como un terrorista y un criminal peligroso - una táctica que se ha convertido en la norma en Honduras para crear un "show" (como lo llaman los hondureños) para justificar sus presupuestos excesivos para las fuerzas de seguridad represivas, la militarización de las calles hondureñas y la llamada guerra contra las pandillas y el crimen organizado.

Como resultado de aparecer allí y luego informar sobre la captura de Edwin (y otros presos políticos, protestas, asesinatos en el contexto de la crisis postelectoral, la caravana, etc.), a Sandra se le negaría la entrada al país las autoridades migratorias y la deportaría de Honduras.

Cuando por fin pude ver a Edwin, el estaba muy animado a pesar de que estaba enchachado las manos y los pies y sabía que pasaría al menos una noche en la cárcel. Algo que no le resultara extraño: Edwin ha sido capturado más de una docena de veces desde 2009 por diferentes acusaciones, todos relacionados con su participación en protestas.

Poco sabíamos los dos esa noche, Edwin sería rápidamente "procesado" por el sistema judicial hondureño y el Ministerio Publico que, dentro de un día, lo enviaría a una cárcel de máxima seguridad donde aún esta encarcelado. Poco sabía yo que me pasaría un año luchando para liberarlo junto con el increíble movimiento social hondureño.

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Mañana, un año después del arresto de Edwin, varios sectores de la sociedad hondureña, incluidos tres partidos políticos (Liberal, LIBRE y el nuevo partido formado por el ex candidato presidencial Salvador Nasralla), la Convergencia Contra el Continuismo, la nueva coalición Acción Ciudadana Contra la Dictadura, grupos de estudiantes y varias organizaciones comunitarias de base iniciarán una semana de acciones en todo el país. Una de sus principales demandas es la liberación de los presos políticos.

Un año después, la crisis política, social y económica continúa en Honduras y todos los días, desde el 19 de enero de 2018, mi vida ha sido crisis tras crisis. Todas mis crisis han sido por los intentos del gobierno hondureño de echarme del país; respondiendo a los problemas de salud de Edwin y Raúl (el otro preso político encarcelado con Edwin); monitoreando el caso legal; recogiendo piezas rotas de problemas personales y familiares; y averiguando cómo seguir adelante, cómo encontrar la energía y, por supuesto, descubrir cómo hacer que los gobiernos de Canadá y Estados Unidos se responsabilicen de la crisis de la que forman parte y ayudaron a crear, desde siempre, en Honduras.

Gracias a toda mi familia, amigos, compañeros y compañeras que me han ayudado durante todo el año. 2019 será el año de lucha imparable y ojalá, el año en que todos los presos políticos y los criminalizados en Honduras serán liberados.